
Me asombra un poco que viviendo donde vivo: una ciudad relativamente pequeña y muy turística haya hueco para que en el mismo fin de semana se celebren dos festivales;
uno de música (gratis) y
uno de cine (a un precio ridículo). Pero me asombra aun más, que ambos recurran a una programación difícil, no apta para todos los públicos, y que aun así tengan una gran afluencia de público.
Una de las propuestas del festival de cine era una sección dedicada al documental musical - que según me han dicho también se realizó el año pasado -. Y dentro de esta sección echaban uno de los documentales que más me apetecía ver este año: American Hardcore. The History of American Punk Rock 1980 - 1986.
Los que me conocen saben cómo me gusta este género de música (aunque por aquí también he dejado algunas pistas). Sin embargo, siempre ha habido algo dentro del hardcore que siempre me ha tocado mucho los cojones, que era ese concepto de escena cerrada, de club exclusivo para los más guays. Y viendo el documental volví a ver como ambas cosas parecen completamente unidas.
Viendo American Hardcore. The History of American Punk Rock 1980 - 1986 tuve la sensación de que la gente de mi alrededor no se estaba enterando de nada, y que parecía hecho a proposito. No hay narrador alguno que te explique quienes son las personas que están hablando. Se busca la objetividad ante todo, incluso por encima de colocar a las personas dentro del marco histórico o de un contexto. Para alguien que no sabe quien es Henry Rollins (Black Flag, Rollins Band), Ian Mckaye (Minor Threat, Fugazi, The Evens) o Keith Morris (Black Flag, Circle Jerks), es difícil de entender quienes son estos personajes y la importancia de los mismos dentro de género. Sólo se menciona de refilón que Black Flag fueron, tal vez junto a R.E.M., los dos grupos que montaron todo el circuito de conciertos de los EE.UU. en los 80.
Por no mencionar las omisiones. El subtítulo del documental no es del todo cierto. No estamos ante una historia del punk en EE.UU. sino ante una historia del hardcore. Sólo entendido de ese modo se pueden entender omisiones como los Dead Kennedys (mencionados, sólo de pasada), de Minutemen (sale Mike Watt, pero no se cuenta nada sobre el mismo), Husker Dü o los Misfits. La película cuenta la parte más ortodoxa del género. Y ese es el principal problema del documental, lo que le lastra: la ortodoxia. La comunión del documental con la parte más tradicional del hardcore, es decir, la escena de New York (Agnostic Front y Cro-Mags) es su principal defecto. El hardcore sale retratado como un movimiento inmovilista y violento - que lo era - , pero también era una de las principales vías de innovación artística de aquellos años. Para el documental el hardcore murió en 1986, lo cual no es del todo cierto. Murió la parte violenta, la cateta, la que entendía que todo era velocidad. Ya en 1984, con el My War de Black Flag se veía que otros caminos eran posibles, que la evolución era posible, y que la autocrítica era más necesaria que nunca, pero eso no representa la movimiento para nada según la película.
Tampoco se menciona el legado del movimiento: las consecuencias del hardcore sobre la música se omite. Parece que no se piensa en el neófito, en el que no saben de que se le está hablando. Pero bueno, esto siempre ha sido un defecto de este movimiento, y es lógico que se vea en la película.
Sin embargo la película también recoge parte de lo bueno que tuvo el hardcore. La ingenuidad del movimiento se ve no solo en las historias que cuentan, sino también en los propios personajes, en como hablan hoy día. Esta ingenuidad, también plasmada en Another State of Mind (otro documental sobre el punk en los 80), es la que les hace cantar sobre lo que cantan, y pensar que existente otras formas alternativas de entender la realidad. El Do It Yourself se ve por todos lados, y aunque no se desarrolla lo suficiente (una referencia SST, y ninguna mención a Dischord records), se deja entrever en toda la película. Ese espíritu amateur, y por qué no decirlo: paleto, que tiene el punk norteamericano a la hora de hacer las cosas, es su fuerza motora. Sólo así se entienden las pintas que llevan, los carteles que realizan, y en definitiva la música que hacen.
Pero sin duda el gran acierto de la película es la forma de contar la historia a través de las escenas. La película no se fija en los grupos, se fija en las ciudades donde surgieron. Porque ante todo el punk-rock en EE.UU., a diferencia de en el Reino Unido, se basaba fuertemente en la comunidad. Cada ciudad tenía sus grupos, y si eras de esa ciudad les seguías a todas partes. La anécdota de como los seguidores de Circle Jerks ( Los Ángeles) patearon el culo, en el sentido más literal del término, a la escena de San Francisco, cuando Circle Jerks tocaron en esa ciudad es un claro ejemplo de lo que intento explicar. Y aunque no todas las escenas son explicadas de la misma forma. Casi todas aparecen mencionadas, pero no se explica la importancia que tendrán después (Butthole Surfers en Austin, Big Black en Chicago, o Mudhoney en Seattle).
Con todos sus defectos y todos sus aciertos, American Hardcore. The History of American Punk Rock 1980 - 1986 es el documental más adecuado, no tanto para contar la historia, como para entender cual fue el espíritu del mismo. Un género lleno de contradicciones siempre marcado por la presunta autenticidad y la ortodoxia.
Bola Extra: Harold Bloom and hardcore